martes, 6 de julio de 2010

Innovación o imitación



En la edición de Diario Médico de hoy martes, aparece esta tribuna de opinión (aquí en formato pdf) que hemos escrito Raquel Benito (del blog Innovación y otros demonios) y un servidor. La hemos titulado "Innovación o imitación". Aquí tenéis el texto completo:


La segunda i, la letra minúscula que se añadió al ya clásico dueto I+D, anuncia a la que, desde hace unos años, es la palabra de moda: innovación. Ha llegado a convertirse en un valor admirado por la sociedad, hasta tal punto que las organizaciones lo utilizan como elemento diferenciador respecto de sus competidoras. La innovación vende, y para comprobarlo sólo tenemos que echar un vistazo a las campañas de marketing: son innovadores los coches, los lavavajillas y hasta el pan de molde. Incluso representantes de Farmaindustria hablan de fármacos innovadores en contraposición a los genéricos.

Podemos definir innovación como "la transformación de ideas nuevas en valor". El éxito es una característica intrínseca a la innovación, por lo que si una idea no llega a aportar ningún valor, por muy pionera que sea, no puede considerarse innovadora. Para conseguirlo ha tenido que ser aceptada y asimilada hasta tal punto que, lo que en un principio parecía la locura de unos pocos, se convierta en algo cotidiano. No todas las ideas nuevas acaban siendo exitosas y, de hecho, un alto porcentaje de ellas acaban quedándose por el camino, por muy buenas que pudieran parecer a priori.

La innovación va mucho más allá de encontrar una idea afortunada, no hay un eureka que marque un antes y un después. Para innovar, las organizaciones necesitan poner en marcha toda una arquitectura de innovación: desarrollar una estrategia basada en la renovación de productos/servicios, establecer objetivos, designar responsables y equipos, diseñar un sistema de indicadores válido, etc., y tratar de alcanzar un estado en el que toda la organización innove, invirtiendo recursos, recompensando y reconociendo el esfuerzo innovador, es decir, impulsando una cultura innovadora.

Algunas organizaciones sanitarias de nuestro entorno han realizado una importante apuesta para dotarse de esta arquitectura para la innovación, como es el caso del Hospital Clínico San Carlos, Madrid, que ha puesto en marcha una Unidad de Innovación, o el Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona, que cuenta con una dirección específica de eHealth y Salud 2.0. Aunque todavía sea pronto para hablar de resultados, estamos seguros de que en breve podemos disponer de datos y de hechos.

Ser innovador no es sencillo y, como mínimo, se necesitan decisión, recursos y tiempo, además de la capacidad para aceptar los fracasos con que, sin duda, nos encontraremos al intentar abrir nuevos caminos. ¿Y que ocurre cuando una organización no está preparada para innovar o no tiene los recursos financieros necesarios? En estos casos, tal vez debamos empezar a pensar en la imitación como una alternativa válida.

Sin embargo, copiar está mal visto. En lugar de reconocer que existen alternativas que podrían satisfacer nuestras necesidades e implantarlas, rechazamos la imitación. Tal vez porque nos han educado en la creencia de que es una práctica ilícita, parece que existe una cierta tendencia a pensar que si seguimos esa senda no acabaremos bien. Sin embargo, como apunta un estudio realizado por Oded Shenkar al que se hace referencia en el número de abril de la revista Harvard Business Review, la imitación puede llegar a aportar más valor a determinadas organizaciones que la innovación.

Al igual que la innovación, la imitación es todo un arte. Los buenos imitadores buscan activamente ideas que merezcan la pena ser copiadas y, si es posible, superarlas en algún aspecto. Su misión es captar la esencia de la iniciativa a reproducir y adaptarla en la medida justa a sus circunstancias particulares. De esta forma pueden llegar a obtener mayores beneficios que quienes tuvieron la idea original al no tener que enfrentarse a la elevada inversión que supone innovar y apostar por un concepto de éxito probado.

Aunque no siempre es sencillo imitar. En ocasiones cuesta dar con la clave del éxito de otras organizaciones. Pensamos, por ejemplo, en la dificultad con que se han encontrado distintos agentes a la hora de copiar el modelo desarrollado por la aseguradora sanitaria sin ánimo de lucro Kaiser Permanente. Cuando hablamos de intangibles, como la cultura organizativa, la imitación es mucho más compleja.

La ventaja de la imitación es que requiere de menor esfuerzo inversor y, si se hace adecuadamente, las probabilidades de tener éxito son mucho más elevadas. Ser un buen imitador puede ser una alternativa válida a la innovación cuando no se cuenta con la infraestructura ni los recursos suficientes para innovar. No podemos permitirnos malgastar esfuerzos y recursos reinventando la rueda.

Antes de lanzarnos a buscar soluciones innovadoras, observemos si ya existe alguna respuesta a nuestro problema. Si alguien ya ha comprobado que algo funciona, no tengamos remilgos en imitarle. Y si somos nosotros los que dimos con la solución, compartamos nuestro conocimiento, de modo que otros avancen sobre lo que nosotros alcanzamos, enriqueciéndonos todos gracias a ello. Algo similar es lo que algunos expertos llaman benchmarking.

La imitación tiene mucho que aportar al sector sanitario público español, donde las distintas comunidades autónomas, incluso las distintas organizaciones sanitarias dentro de una misma comunidad, se enfrentan a los mismos retos. No somos competidores, pero carecemos de sistemas para compartir buenas prácticas que nos permitan avanzar y ofrecer un servicio de mayor calidad a nuestros ciudadanos. Compartimos objetivos, compartimos entorno y además, nos guste o no, solemos compartir problemas. ¿Por qué no compartimos soluciones?

A pesar de no tener el mismo reconocimiento social que la innovación, la imitación o la exitosa adopción, adaptación y mejora de ideas que ya han demostrado ser valiosas puede reportar elevados beneficios sin tener que realizar una inversión tan elevada como la requerida por la innovación. Y en sanidad, donde tenemos la responsabilidad de obtener los mejores resultados posibles con recursos limitados, debemos empezar a compartir lo que hacemos y mejorar entre todos, que la competitividad no es luchar contra el vecino, sino hacerlo mejor con los mismos medios. La imitación puede ser una alternativa viable; al fin y al cabo, todos buscamos lo mismo: alcanzar la excelencia en el servicio que prestamos.

9 comentarios:

  1. Hay que tener en cuenta que las organizaciones no innovan, las organizaciones no piensan, solo lo hacen las personas que están dentro de las mismas y que tienen que tener el caldo de cultivo (o al menos las herramientas y la voluntad de la organización de dejar hacer y dejar equivocarse a los miembros de la organización) y después la valentía de llevar a cabo esas nuevas ideas que surgen de esa cultura.

    ResponderEliminar
  2. Innovan las personas pero son las organizaciones las que deben disponer los medios para que esa innovación sirva de algo. O lo hacen todos o ninguno...

    ResponderEliminar
  3. Soy consciente de que el tiempo es oro y que en la era de los 140 caracteres eso de leer no se estila demasiado ;-), pero os recomiendo la revisión que se ha hecho en el siguiente libro que se ha sintetizado en un artículo

    Greenhalgh T, Robert G, Macfarlane F, Bate P, Kyriakidou O (2004) Diffusion of innovations in service organizations: systematic review and recommendations. Milbank Q 82(4):581–629

    y que también se ha sintetizado en un gráfico

    http://www.ictconsequences.net/2007/06/17/understanding-ict-as-innovation-in-healthcare-organizations/

    ResponderEliminar
  4. Los grandes artistas empezaron imitando a sus "Maestros", para luego superarlos, ¿por qué no se puede hacer lo mismo? ....

    ResponderEliminar
  5. Joer, hoy estoy tan espeso, que he leido tu blog a las 20.15 y encima no se me ocurre que comentar. Creo que estoy enfermando de tanto estress anti-apoltronado que llevo dentro últimamente. Tengo que vacunarme ya para el 'síndrome del apoltronamiento' urgente y pensar ya en otras cosas.

    ResponderEliminar
  6. La primera vez que leo este blog. Enhorabuena, una buena reflexion sobre lo atractivo que es innovar, lo importante que puede ser copiar y lo necesario que es compartir en sanidad!

    ResponderEliminar
  7. Amigo, es que montar una unidad de imitación en vez de una unidad de innovación no permite ponerse medallas. Ni tampoco te dan becas FIS o del programa marco por imitar.

    Que se lo digan a los 17 sistemas de historia clínica electrónica o los revolucionarios modelos de atención a pacientes crónicos.

    ResponderEliminar
  8. Me ha parecido muy interesante, sobre todo lo de que no es malo copiar. Precisamente en el blog que tenemos algunos médicos del centro de salud, ATensión Primaria [http://atensionprimaria.wordpress.com/], una de las secciones más visitadas es: "En mi centro se hace así". Nació con la idea de contar cómo se hacen las cosas en el centro, por si a alguien le sirve. Echamos en falta que nos propongan o nos cuenten cómo lo hacen ellos, pero todo se andará.

    ResponderEliminar
  9. Aprovecho y respondo a los dos ultimos comentarios.

    Julio: aqui nadie busca medallas, pero se investigan y se crean proyectos para cosas que ya estan inventadas e incluso solucionadas. No olvides que nos da miedo hacer las cosas como las hace el de al lado...

    Gpap10: conocía el blog pero no la sección. Sigo pensando que compartir soluciones es compartir conocimiento. Y nos emperramos en buscar ruedas cuadradas cuando la redonda funciona de PM.

    Gracias!

    ResponderEliminar