miércoles, 13 de junio de 2012

¿Mindfulness o nuevas tecnologías?

¿Qué fue primero la gallina o el huevo? ¿Qué puede ayudar más al sistema sanitario, las nuevas tecnologías o el mindfulness? Algo así nos planteábamos estos días con Salvador Casado con la intención de publicar un post a cuatro manos (que él ya publicó ayer). ¿Un olvido? No, sólo una prueba más de que los directivos siempre llegamos tarde, o no llegamos...

Lo cierto es que las tecnologías han hecho avanzar la medicina y conseguir retos cada vez más complejos. Sin embargo muchos ciudadanos no encuentran respuesta a sus problemas de salud en el sistema sanitario, o por lo menos no a todos. Tampoco se sienten suficientemente bien escuchados. Quizá sean estas algunas de las razones que hacen que hasta un 60% de los ciudadanos estén dispuestos a utilizar otro tipo de terapias, incluso cuando no existe evidencia acerca de su efectividad.

Parece claro que en relación a la tecnología sanitaria, en especial las tecnologías de la información y comunicación (TICs), no es cuestión de herramientas si no del uso que hagamos de ellas.




Pero qué hacer cuando las consultas externas del hospital y las de atención primaria están sobresaturadas de pacientes, los sistemas informáticos requieren cada vez más atentión y tiempo del médico o incluso cuando la tecnología se erige como centro del proceso, sin que se adapte a la realidad de la relación profesional-paciente.

Los profesionales sanitarios están sometidos a una presión cada vez mayor. En Madrid, por ejemplo, han visto bajar su sueldo un 25% desde el año 2008 a la par que veían crecer su presión asistencial y el número de pacientes o servicios.

No somos capaces de dar una respuesta que arregle el sistema. Lo que sí podemos es aventurar un concepto: mindfulness. Traducido como atención plena, esta palabra proviene de tradiciones orientales pero ofrece una idea sencilla y cotidiana: tomar plena conciencia del momento presente. Otra forma de verlo, más práctica, es cuando eliminamos cualquier automatismo de nuestros actos, saboreando cada paso y decisión, sin que a+b sea, siempre, igual a c.

Si nos pusieran en una mano toda la tecnología sanitaria y en otra la máxima atención, nos quedaríamos con la segunda. Es verdad que con tecnología podemos resolver muchos problemas, pero sin un buen nivel de atención no es posible un encuentro terapéutico correcto. Incluso, podemos añadir, que en el campo de la gestión y en otros muchos, la atención plena y la posibilidad de entender cada problema como único, son una garantía de que la solución que se adopta es adhoc.

Rescatar a los profesionales sanitarios del malestar crónico que arrastran, de la desmotivación y del cansancio no será sencillo. No va a venir nadie a rescatarlos. Quizá el mindfulness pueda ser un camino que permita que cada cual se rescate a sí mismo, permitiendo el crecimiento personal que todos ansiamos. Entender qué hacemos cada día, porqué lo hacemos, en qué entorno trabajamos, son fases de una nueva concepción del sistema sanitario. Pero si sólo las entienden los profesionales, y los políticos y directivos siguen pensando de la misma forma, poco vamos a conseguir.



PD Gracias a Salva por las ideas, el enfoque, los paseos y los vídeos improvisados.

1 comentario:

  1. No lles la herramienta lles lo que haces con ella... y yo añadiré "y quién la pone en marcha" (y no es pregunta es afirmación).

    Las tecnologías vienen empujadas por múltiples intereses y porque su vehículo de difusión (dispositivos móviles) tiene alta penetración. En el caso del Mindfulness la principal "pega" es que a todos les parece que debe salir "de arriba" porque 'les pagan por pensar' y tú y yo sabemos que parece que hay poco interés en aportar 'pequeñas ideas de ahorro' por ejemplo...

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