miércoles, 8 de agosto de 2012

La creatividad y la Ley 30/1992 (1)


Nos quejamos de la poca imaginación que tiene la organización pública, y puede que la culpa sea por ese adjetivo: "pública". ¿Nos referimos a que la empresa privada es más creativa o tiene equipos con mayor imaginación? No, por supuesto, que no. La palabra "pública", además de indicar que la organización pertenece a la administración pública, también señala que se debe adaptar a unas normas predefinidas por el derecho administrativo. Y como os podéis imaginar, esa rama del derecho no invita mucho a la creatividad.

La inmensa mayoría de las decisiones que se toman en el ámbito de la administración pública se hace en el seno de comités o comisiones regladas, con su reglamento, con su carácter de órgano colegiado (tal y como señala la mítica Ley 30/1992, la que dota de esqueleto a los actos administrativos), y con una serie de (aburridas) obligaciones que cumplir que impiden que la discusión y las ideas fluyan con libertad. Por supuesto, hay que actuar siguiendo la ley, pero sin tantas rigideces o al menos sin acudir a la burocracia como excusa ante la poca agilidad. 

Este tipo de comités/grupos/comisiones, van más encaminados a criticar que a crear, no son entornos creativos que permitan enriquecer de forma colectiva las ideas y así resolver problemas o generar nuevos escenarios con la potencia grupañ. Para ilustrar esta disquisición, robamos a Tom Fishburne un dibujo y una cita del New York Times que incluye en su blog en una entrada dedicada precisamente a la falta de creatividad en los grupos:
"Decades of research show that individuals almost always perform better than groups in both quality and quantity, and group performance gets worse as group size increases … The reasons brainstorming fails are instructive for other forms of group work too. People in groups tend to sit back and let others do the work; they instinctively mimic others’ opinions and lose sight of their own; and, often succumb to peer pressure."

Los comités tienden a criticar o a impedir, son más una barrera a la creatividad que una ayuda. ¿Y si cambiamos ese modelo? ¿Y si dejamos las reuniones con acta oficial, turnos de palabra, replica y contrarreplica para la aprobación final en los casos que obliga la ley? ¿Por qué no pueden generarse otro tipo de grupos/equipos que se encarguen de allanar el camino en la ejecución?

Al final, en la organización pública, es muy habitual encontrar grandes ideas, aprobadas por todos, que fracasan en la puesta en práctica. A veces porque no han sido bien definidas, otras porque los que la aprobaron realmente no quieren que nada cambie. En el papel todo es perfecto, en las decisiones colectivas todo es tan bonito, pero de repente llega el mundo real y... 

... #zasentodalaboca

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