lunes, 28 de enero de 2013

La fiabilidad de las apps de salud


Las apps de salud son presente, aunque aún mucha gente no se lo crea. El debate sobre su fiabilidad y control está servido desde hace tiempo, e incluso hubo un tweetup en Wikisanidad (sin un acuerdo unánime sobre algunos aspectos), pero todo sigue en el aire. Una de los temas estrella fue si las apps se consideran "medical devices" y necesitarán una autorización oficial previa a su comercialización, tal y como establece el proyecto de directiva comunitaria 2012/0266.

Una de las cuestiones es saber exactamente el concepto de "autorización oficial". ¿Examen previo como los medicamentos? ¿Certificación por una entidad autorizada al estilo de las normas ISO? ¿Listas de apps autorizadas? ¿O dejar al criterio de cada profesional la recomendación de una app u otra? La globalización del mercado y la posibilidad de descargar apps de cualquier país no augura un buen futuro para las autorizaciones previas y su lentitud no ayuda a su adaptación a las necesidades del mercado. Además, ¿cual será la barrera para prohibir la distribución de una app sin autorizar? Algunas entidades públicas han lanzado recomendaciones para crear apps de salud, quizás otra vía de trabajo para conseguir esa deseada fiabilidad.

Al final, como casi todo en internet, tendremos que confiar en el usuario final y en su capacidad para distinguir una app fiable de otra que no lo es. Internet es una fuente infinita de información sobre salud (de una calidad mayor o menor) y nadie la controla, de hecho los sellos de calidad en las webs no han conseguido un menor tráfico en las webs sin sellos ya que los buscadores no las dejan de lado.

Y como ejemplo final, un caso real sobre apps de dermatología. En JAMA Dermatology publicaron hace unos días un estudio titulado "Diagnostic Inaccuracy of Smartphone Applications for Melanoma Detection" que compara 4 apps de detección de melanoma y los resultados son desalentadores. La clave no está en las apps ni en la regulación ni en el control previo, la clave es la educación del paciente y conseguir que la medicina no sea un juego (como ya comentamos hace unos días en el blog). 

Quizás aún no sepamos adaptarnos a todo lo que se nos viene encima, pero poner vallas al campo nunca ha sido muy útil (como muestra, un botón).

Nota final. Si queréis saber más  de dermatología, os recomendamos dos grandes blogs: Dermapixel y Dermatología y más cosas. En cuanto a las apps, os recomendamos las entradas de Xose Manuel Meijome (Cuadernillo d@ enfermeir@) y Fran Sánchez. Además, en este enlace de wikisanidad hay varios enlaces de interés.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la publicación; añado a mis seguimientos para ver nuevas entradas. Un saludo...
    http://todoenfermeriasalud.blogspot.com.es

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  2. Miguel, tu post rinde homenaje a aquello de ni todo, ni nada ni todo lo contrario. Estamos en el momento explosión de las apps, y las de salud (como te dijeron el otro día la salud vende) no van a quedarse atras, salen por doquier sin demasiados miramientos, ya que la cuestión es tener tu app para no ser menos que el vecino. Como bien explicas los miedos o la prudencia deben aparecer en aquellas apps que incidan directamente en nuestra salud, ahí es donde debemos buscar sistemas de control. Como encontrar consenso no es tarea fácil, viendo como todo se precipita, quizás unas recomendaciones, criterios, advertencias que permitan escoger las apps confiables de las que no lo son sería un buen punto de partida.
    Gracias por el paseo que te has dado por el mundo #appsalud ;)

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  3. Hola paso tarde por aquí pero poco puedo añadir a lo dicho por tí y por Mónica... te agradezco la cita pero sólo soy un "experto en confusión" que observa el crecimiento de las aplicaciones móviles alrededor de la salud con una mezcla de inquietud y esperanza....

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  4. Las apps de salud, como herramientas que desde luego parece que van a ser de gran utilidad en la salud de las personas, de promoción y educación de la misma o en entornos clínicos, y que seguro van a tener también una gran repercusión directa en las personas que confían en ellas, en los profesionales en su día a día que las utilizan y también en los sistemas sanitarios, requieren sin duda alguna de un control de calidad (llámenlo sellos, autorización oficial, o lo que sea, no importa), basado en una evaluación continuada e independiente de su fiabilidad, de su base científica y de su seguridad.

    Todo esto no puede improvisarse y desde luego exige un trabajo profesionalizado para su análisis, sino queremos caer en la improvisación, en la farsa y en dudosos intereses diversos. Esta actitud analítica y científica, el control de la calidad, la mejora continua, etc. en conjunción con la experiencia y la opinión de los usuarios, nos han permitido llegar hasta donde hemos llegado en la ciencia en general, en medicina y también en la sociedad.

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