jueves, 17 de octubre de 2013

El camino entre el dicho y el hecho


España es un país con 30 millones de entrenadores de fútbol, de expertos en catástrofes  de políticos de salón y de gurús de la sanidad. Todo el mundo sabe de todo, y si vamos a redes tipo Twitter o Linkedin, encontramos recetas para acabar con todos los males de la sociedad actual. Cuando ves cien de esas recetas, en mensajes que casi llaman tonto al que no las aplica, nos planteamos si es que los arboles no nos dejan ver el bosque o si es que desde la barrera es muy fácil torear.

Un gran ejemplo lo tenemos en el mundo de la política sanitaria. Si todo fuera perfecto, si hubiera equilibrio entre todas las partes, la evidencia fuera algo habitual en las decisiones a cualquier nivel y no existieran tantas presiones internas, seguramente el cambio sería sencillo. Pero la realidad tiene muchos matices. ¿Qué ocurre cuando intentamos aplicar las recetas teóricas en el mundo real?

La imagen que nos viene a la cabeza es la típica de las películas en la que un aventurero arriesgado pasa por un pasillo lleno de rayos láser y los esquiva todos, con posturas dignas de la gimnasia rítmica. Un gerente llega a un hospital con ganas de dar la vuelta a todo y se encuentra: presiones sindicales para no hacer algo, poco presupuesto, normas ancestrales que nadie cambia, favores políticos que hay que respetar, el sobrino del alcalde del pueblo de al lado, burocracia eterna, sociedades científicas que piden que se contrate más gente, peleas entre bandos internos (gremio contra gremio), asociaciones de vecinos que piden más servicios en su barrio, privilegios que nadie se atreve a tocar, directivos tocados por una mano divina que molestan pero no podemos apartar, acuerdos internos poco eficientes que (casi) nadie conoce pero que siguen en marcha, malas caras, burocracia, gestión basada en la inercia, amenazas mediáticas del tipo "si ocurre esto, voy a la prensa", y finalmente políticos que prefieren no tocar nada antes que salir en la portada.

Ah, y si al final algo novedoso con intenciones de cambio parece que sale adelante, o no es prioritario o no hay recursos o no hay ganas.

Lógicamente con tantas limitaciones, las ideas se quedan sin chispa, los planes acaban en la papelera, y las buenas intenciones se erosionan. Y así la gestión es un baile para esquivar los rayos láser que consigue que apenas podamos movernos...


6 comentarios:

  1. siempre nos queda el camino del cuidador de parques...

    http://www.huffingtonpost.es/francisco-mora/gratitud-todos-los-dias_b_4088489.html?utm_source=Alert-blogger&utm_medium=email&utm_campaign=Email%2BNotifications

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  2. MA
    Inercia la Fuerza del lado Oscuro!
    Un buen Jedi diría el cambio de movimiento es proporcional a la fuerza neta y se efectúa en la dirección en la se imprime dicha fuerza.

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  3. Son demasiadas barreras. Que fácil sería si nuestro país se redujera la clase política.

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  4. La culpa podemos repartirla entre los que dicen no sistemáticamente y los que se amedrentan ante la negativa continua. Lo peor de todo ocurre cuando comentas los cambios que vas a proponer a los compañeros y a todos les parece genial; pero, a la hora de la verdad, no te apoyan públicamente, y el muro sigue ahí infranqueable. Es difícil no cansarse ni desfallecer; pero el que la sigue la consigue :)

    ¡Un abrazo!

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  6. Buena metáfora Miguel Angel entre bailarinas y misiónes imposibles.

    Yo no dejo de pensar que todos los actores y actrices somos parte del guión y que posiblemente haya que cambiar la historia y los personajes...difícil... pero leyendo el magnífico texto de Francisco Mora que ha compartido Salvador Casado...comparto que todos tenemos que coger la podadora y ser responsables de nuestros pequeños espacios.

    Y para los grandes espacios, para esos que tu describes...
    Tenéis que encontrar al Gondolero esa persona que cuando llega ...“Porque cuando llega alguien especial, ese alguien hace mejores a todos los demás…” by Los Gondoleros silenciosos de William Goldman. (una fábula maravillosa)
    un beso rosa

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