martes, 11 de marzo de 2014

Del hotel al MOOCO: hablando de congresos #carnavalsalud


Este mes, el #carnavalsalud ataca un tema crucial: la formación y el aprendizaje en estos tiempos de la web 2.0 y las redes sociales. La apuesta de casi todas las entradas que participan está clara: huir de cursos presenciales excesivamente teóricos, cambiar el modelo de congresos presenciales y crear un sistema de formación y aprendizaje más centrado en el intercambio de conocimiento que en las clases-conferencia.

Los cursos poco a poco van cambiando. Desde el proyecto "5 minuts" del Hospital Sant Joan de Deu, a los nuevos modelos de elearning y los MOOC, las plataformas libres como Moodle o las comunidades de práctica al estilo TeKuidamos, van perfilando un nuevo modelo de cursos de formación y de estrategias de aprendizaje. Pero con los congresos, la evolución es muy diferente.

Vamos a analizar brevemente 5 elementos que nos parecen cruciales para definir un nuevo modelo de congreso:

(a) Aunque muchos congresos son caducos, basados en conferencias magistrales y sin una intercambio de conocimiento muy definido, son una gran herramienta para generar comunidades informales de profesionales. Un congreso permite conocer en persona (con todo lo que aporta) a profesionales con intereses similares, lo que genera redes muy potentes. Este aspecto es la gran fortaleza del actual modelo congresual y de hecho es el diferencial respecto a los congresos virtuales.

(b) Desgraciadamente, en muchos congresos es más importante el ocio que el conocimiento. Se oyen muchas historias de profesionales que acuden a congresos en USA (por decir un sitio, aunque también vale Canarias o Bilbao), recogen las presentaciones y el programa, y se centran en conocer la ciudad antes que en escuchar al pope de turno. Por otra parte, el contenido del congreso no siempre tiene el suficiente poder de atracción: quizás experimentando con un modelo de flipped classroom como cuentan en el blog Diga Ple 33, o generando nuevos espacios de difusión en los que cualquiera pueda ser ponente, puedan obtenerse resultados diferentes.

(c) Los principales contenidos del congreso son dos: las ponencias y las comunicaciones, tanto orales como en poster. Desgraciadamente, las comunicaciones se han convertido en el elemento que permite al organizador conseguir muchas inscripciones (por eso el porcentaje de comunicaciones aceptadas suele ser muy elevado), y además en el elemento que permite al profesional que se le autorice acudir al congreso. Hay comunicaciones muy buenas, pero encontrarlas en un maremagnum de salas y en programas infinitos suele ser una tarea imposible. ¿Hay alternativas? Por supuesto, y la web 2.0 puede ayudar mucho: que los asistentes elijan previamente los contenidos, que las ponencias puedan comentarse previamente, que haya streaming de todos los contenidos, etc.

(d) Hablemos claro: la pasta. Un congreso vale un dineral, y las opciones son pocas: o te lo pagas, o te lo pagan. Si todos los congresos fueran como el Congreso nacional de Enfermería (celebrado en Plasencia, bajo la batuta de José María Párraga), que tenía un coste de 40 euros, quizás el modelo congresual sería diferente. Y entre los 40 euros de este congreso y los casi 800 euros de algunos congresos, hay demasiada diferencia.

(e) Difusión de contenidos. Tal vez haya que pensar en los MOOCO como Massive Online Open COngress, es decir, un congreso abierto, con difusión completa de contenidos, que permita que los asistentes online puedan participar y colaborar, y con una mayor interacción. Y por supuesto, al acabar el congreso todos los materiales podrían difundirse en la red, tanto vídeos como documentos. Casi podría crearse una norma del tipo: si un congreso recibe una ayuda pública, sus contenidos deben ser creative commons. 

Pero hace falta una reflexión final. ¿Quieren los profesionales que los congresos dejen de lado el ocio y se centren en el conocimiento? ¿Para qué sirve un congreso? ¿Pasaría algo si desaparece el actual modelo de congresos en los que el conocimiento es sólo una excusa? ¿Funcionan los congresos virtuales o está ocurriendo como con los MOOC en los que el grado de abandono es muy elevado?


2 comentarios:

  1. Miguel, mira que me gusta la virtualidad, mira que soy social digital hasta la médula, pero... conforme va pasando el tiempo, empiezo a sentir el run run de la presencialidad. Seguro que todas las herramientas digitales nos ayudan y enriquecen formaciones de todo tipo, y además nos permiten llevar a cabo actividades imposibles de otro modo (para muestra un tweetup) pero, al final, nos gusta vernos, oirnos y... abrazarnos. Y si cambiásemos también el modelo presencial? Desconferencias y otros modelos que abran de verdad la participación? Creo que tenemos debate para rato :) Buena entrada!

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  2. Hola, llego tarde pero llego. Es cierto que estos "nuevos" modelos son el futuro y que por supuesto, abaratan costes y acercan a las personas realmente interesadas al conocimiento pero como Mónica, creo que ambos no son excluyentes, deben ser complementarios. Nadie cree en la formación a distancia, libre y abierta más que yo pero he hecho algunos MOOCs y la ausencia de un profesor que de feedback y de una interrelación con los alumnos, los convierten en lectura y poco más. Yo creo que solo con leer y ver no basta, el secreto de #teku20? yo creo que es el chat. Poder opinar, compartir, comentar y que además lean lo que dices, se rían con tus bromas, etc.
    Me imagino los congresos del futuro reciente como continuidad de las comunidades que ya se han generado y tienen valor en el no presencial, en los que se hablaría en mesas redondas, talleres, cafés...igual ya existe algo así...igual ya lo hemos hecho, videosysalud? Ese es el modelo al que debería tender la formación. Y en cuanto al precio, está claro que es un negocio y eso costará más de cambiar. Gracias por compartir.
    Beso!

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