miércoles, 4 de junio de 2014

¿El principio del fin del marketing pseudocientífico?



Si nos paseamos un día al azar por cualquier medio de comunicación (televisión, internet, radio, prensa, etc.) nos encontramos con decenas de anuncios muy llamativos pero con un problema clave: proponen un beneficio saludable y una mejora en la salud sin que haya evidencia que lo avale. En resumen, ejemplos claros de la llamada publicidad engañosa.

Pero curiosamente, muchos de esos anuncios siguen adelante, sin que nadie los prohiba, sin que nadie sancione a las empresas. De hecho en un artículo publicado en 2011 y firmado por dos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos I que analiza 430 cuñas publicitarias de salud en radio, muestra que el 15'81% de las cuñas incluían reclamos engañosos.

Hasta ahora, el control de la publicidad sobre salud aparece en el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, que desarrolla algunos artículos de la Ley General de Sanidad y la Ley 29/2006. Hay también una regulación comunitaria sobre publicidad de alimentos que tengan efectos en la salud. Sin embargo, ninguna norma con rango de ley califica a la publicidad engañosa en el caso de pseudoproductos sanitarios como acto ilícito, y siempre en las leyes vigentes se deja muy claro que hay que acudir a los reglamentos y reales decretos.

Por fin, parece que la publicidad en materia de salud (más allá de los medicamentos y los productos sanitarios "oficiales") va a tener una ley que diga las cosas claras. ¿Afectará por fin a alimentos funcionales y otros productos parecidos? Y todo gracias al reciente anteproyecto de ley del código mercantil que dice lo siguiente:

Se considera que constituyen actos de engaño desleales en cualquier circunstancia los actos siguientes realizados en las relaciones con los consumidores:
q) Proclamar falsamente que un bien o servicio puede curar enfermedades, disfunciones o malformaciones.

¿Será el principio del fin de muchos anuncios que casi venden milagros? ¿De ciertos productos de alimentación que lo curan todo? ¿De casos como los que cita este post de Scientia? Tiempo al tiempo...

4 comentarios:

  1. Soy muy poco optimista al respecto, viendo ejemplos vergonzantes como el de los Actimel con la vitamina B6, por ejemplo, además de otros muchos. La publicidad engañosa va a seguir ahí, por mucha ley que se saque, porque los charlatanes seguirán encontrando resquicios legales para publicitar propiedades maravillosas y mágicas en sus productos.

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  2. ¡Así sea!...por no decir amén que me suena a religión y una no está para estas cosas...

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  3. La publicidad se basa en la creatividad del publicista, con tanto competencia entre marcas que hay en la actualidad, se puede regular que no se diga explícitamente beneficios no demostrados del producto, pero qué hacemos con las imágenes, que son más difíciles de evaluar y son quizá más efectivas a la hora de plasmar los beneficios del producto.

    Los beneficios atribuidos a un producto y que no son demostrables convendría regularlos. La publicidad engañosa hace daño, y las promesas políticas engañosas, qué hacemos con ellas.

    Creo que regular la publicidad es necesario, pero es difícil, no es lo mismo que regular el impuesto de la renta.

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  4. Hola,

    A mi me parece asombroso cómo con la persuasión se siguen haciendo este tipo de anuncios, así es la publicidad. Y esta claro que cuando el receptor del mensaje está informado el poder de influencia disminuye, es mucho menor. A mi me parece lícito, es usar ciencia en este caso la psicología para posicionarse o intentar vender un producto. Gracias por ejemplo al marketing pseudocientifico se puede jugar con la ilusión de causalidad que se da cuando a una posible causa le sigue un posible efecto en anuncios como dietas milagrosas o productos muy de moda.
    Me encanta leer informaciones de este tipo, gracias.

    Un saludo

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