viernes, 13 de junio de 2014

Profesionalismo rancio


La endogamia es quizás uno de los elementos definitorios de la cultura de muchas organizaciones sanitarias. Esa actitud de rechazo a los miembros de fuera, de protección frente a amenazas externas, consigue que la costumbre y la inercia sea una constante. Casi parece que la famosa historia de los monos y los plátanos está basada en hechos reales.

Un buen ejemplo se observa en las críticas y el reconocimiento de errores. Es habitual que las críticas se hagan a la hora del café o en privado, pero nunca en público. ¿Por qué? Por miedo, para evitar amenazas, problemas, represalias, etc. ¿Y qué se defiende con tanto interés? Generalmente no son problemas graves, pero cuando la zona de confort lleva veinte años cocinándose, cualquier leve amenaza del exterior es percibida como una agresión.

Se puede pensar que estamos exagerando, que esto ya no ocurre en pleno siglo XXI en un entorno tan profesional y tan avanzado como el nuestro, pero las cosas no son como pensamos. Y si no, que se lo pregunten a Miriam, una residente de pediatría del Hospital La Paz. En febrero publicó una entrada en su blog Futura doctora... Dra Nova contando sus impresiones sobre la residencia en su hospital, una información que muchos estudiantes agradecen. Y Miriam contó su opinión, incluyendo lo que más le gustaba y lo que menos. Sin criticar a nadie, sin acusar a nadie y con todo el respeto del mundo, algo que es fácil de ver en sus más de 300 entradas publicadas.

El pasado jueves, Miriam decidió hacer una pausa. Y todo porque un servicio concreto se sintió ofendido por sus palabras. Lógicamente, os invitamos a leer la entrada original y comprobar si hay ánimo de ofensa, cosa que nosotros no hemos visto tras leer cinco o seis veces el texto completo. Parece ser que en algunos entornos prima más la sumisión que cualquier otra cosa, y en cuanto alguien habla en voz alta o se sale de los límites, surgen los problemas.

Esta historia demuestra una cosa: la profesionalidad de Miriam. El resto de la historia deja entrever ciertos rasgos de profesionalismo rancio, del que presiona para evitar las críticas, del que prefiere que nadie se salga del rebaño, del que quiere que la ropa sucia se lave dentro de casa. Y como decía Miriam en su blog hace casi 4 años:
Porque cuando las críticas son constructivas hay que aprender a aceptarlas… porque aunque duelan hay que buscar el mensaje positivo; porque cuando las cosas molestan hay que intentar hablar y arreglarlo; porque las opiniones son “eso”, opiniones, y hay que respetarlas todas. Porque es bueno cometer errores y aprender de ellos; porque es sabio rectificar. Porque “el consejo” a veces se confunde con “el ataque”.
Esperemos que la historia tenga un buen final.

4 comentarios:

  1. Esta entrada te honra Miguel.

    Saludos.

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  2. ¿Qué no ocurre en pleno siglo XXI? Pues ven a una ciudad pequeña, en una comunidad autónoma uniprovincial... Esto es la norma...

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  3. Has sido hasta suave Miguel...

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