viernes, 26 de septiembre de 2014

Promoción de la salud en el trabajo: ¿hay una receta mágica?


La salud es importante, y para las empresas un trabajador sano es más rentable que uno que no lo es. Por eso, en algunos países como Estados Unidos, es habitual que las empresas ofrezcan programas de bienestar (wellness program) a sus trabajadores. Tal y como leemos en la encuesta de la Kaiser Foundation, la totalidad de las empresas de más de 200 trabajadores ofrecen ese tipo de programas, que suelen incluir: programas de reducción de peso, ayudas para gimnasio, zonas de ejercicio en el puesto de trabajo, programas de deshabituación tabáquica, screening biométrico, consejos de salud, sesiones para hábitos saludables (dieta, por ejemplo), vacunas, información periódica y recursos online.

Además, más del 30% de las empresas con este tipo de programas suele ofrecer incentivos financieros por la participación en los programas, como tarjetas de regalo, mayores contribuciones a los planes de salud, etc.

La evidencia ha estudiado este tipo de programas y hay conclusiones para todos los gustos, pero la mayoría tienen un enfoque muy similar: estos programas no son lo que parecen. Aunque, como siempre, depende del estudio, la conclusión es diferente.

En 2003, Pepsico puso en marcha un ambicioso programa de bienestar llamado Healthy Living, que incluía medidas de mejora del estilo de vida y también algunas medidas de mejora en el seguimiento de su patología dirigidas a trabajadores con enfermedades crónicas (asma, hipertensión, problemas cardiovasculares, EPOC, etc). Estas últimas medidas se realizaban en períodos de seis a nueve meses, y se basaban en formación para mejorar los autocuidados y el seguimiento y contacto telefónico periódico por parte de una enfermera. Un grupo de investigadores de RAND Corporation recopiló los datos de 14555 trabajadores que participaron en el programa, y las conclusiones del estudio se publicaron en enero de 2014 en la revista Health Affairs.

Curiosamente, la eficiencia y las mejoras asociadas al programa procedían casi en su totalidad de las medidas de mejora en la gestión de la enfermedad de cada trabajador, y no de las medidas asociadas a hábitos saludables. Dicha mejora iba asociada a una reducción de los ingresos hospitalarios, mejor manejo de los síntomas, etc. Esta tabla sobre reducción de coste es muy significativa:


¿Esto quiere decir que los programas de este tipo centrados exclusivamente en la mejora de los hábitos saludables no sirven de mucho desde una perspectiva económica? Pues la mayoría de los estudios publicados dicen precisamente eso, tal y como resume en este post y en este otro el economista de la salud Austin Frakt en el blog The Indicental Economist. Alguna revisión sistemática si que observó mejoras en la salud de las personas participantes (era de esperar) pero el rigor en el diseño de los estudios era muy bajo. Otro reciente estudio señala que el éxito del programa depende mucho de su diseño, sus objetivos y su puesta en marcha.

Alguno podría pensar que Estados Unidos tiene un modelo sanitario muy diferente al nuestro y que en el ámbito empresarial y laboral puede que se hagan las cosas de otra forma. Pero la evidencia parece que es persistente, y tal y como señala un reciente estudio publicado en el BMJ, no siempre los programas de promoción de la salud consiguen mejorar la salud de las personas.

PD. Curiosamente, nuestra conclusión después de leer y revisar varios estudios, es: "dime que conclusión quieres obtener, y te diré que estudio debes aportar".

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