jueves, 21 de mayo de 2015

Incentivos: ¿es ético que Sonia cobre menos que Sara?


La reciente publicación de un informe del Comité de Bioética de Aragón sobre los incentivos a los profesionales sanitarios vuelve a poner sobre la mesa uno de los clásicos temas que no ha sido bien resuelto en el ámbito de la gestión sanitaria pública. Hemos querido resumir algunos aspectos clave para el diseño de incentivos para profesionales, a partir de la lectura del informe:

1. El café para todos no funciona. Un incentivo lineal o que no distinga al profesional que busca la excelencia de otro que no lo hace, acaba transformando el incentivo en un complemento más. Como dice el informe: "Los incentivos no pueden suplir ni suplantar la obligación moral. El incentivo ha de tener entre sus objetivos reconocer el buen ejercicio profesional y recompensar la búsqueda de la excelencia, pero no pueden convertirse en el motor para que los profesionales sanitarios hagan lo que deben hacer".

2. Asociar un incentivo al ahorro en gasto farmacéutico (prescripción) o al ahorro en gastos de personal, es totalmente contrario a la ética profesional. La eficiencia del sistema es importante pero nunca puede afectar al paciente directa ni indirectamente. Si se detecta que un profesional hace un mal uso de algún medicamento o producto sanitario, hay otros instrumentos para resolver esas situaciones. Como dice el informe: " Hay dos razones muy poderosas que fundamentan este pronunciamiento tan claro y rotundo: por un lado, el riesgo de no prescribir medicamentos más eficaces solo por razón de su coste (quebranto del principio de beneficencia), y por otro lado la grave amenaza que suponen para la confianza en la relación médico-paciente".

3. Ojo con los incentivos dirigidos a determinadas técnicas o procedimientos. Si se incentiva hacer A, igual dejamos de hacer B. Y además, puede que cuando dejemos de incentivar A, se reduzca el procedimiento en cuestión.


4. El diseño de objetivos debería reorientarse a otros de tipo no económico. El informe cita algunos muy conocidos, como "promoción de la autonomía profesional, la responsabilidad en la gestión, la disponibilidad de recursos suficientes para el desarrollo de la actividad asistencial, la conciliación familiar, el apoyo directo a la formación, la compatibilidad de la asistencia con la docencia y la investigación, el reconocimiento público, la cooperación sanitaria con países en desarrollo, el prestigio profesional y la cultura de pertenencia". Sin embargo, pese a lo bien que suenan, es muy difícil ponerlos en marcha y conseguir el apoyo unánime de todos los profesionales. A veces es difícil luchar a corto plazo contra un incentivo económico. Además, hay directivos y políticos que no creen en este tipo de incentivos y cuando se habla de mejora de la cultura o de investigación o incluso de prestigio, ni están ni se les espera.

5. Ojo con los otros incentivos. En el mundo sanitario hay incentivos externos muy potentes, desde la influencia de la actividad privada (no quiere decir que la sanidad privada sea mala, solo que a veces un profesional se deja llevar y pasan ciertas cosas que no deberían) hasta el papel que juega la industria farmacéutica (a mitad camino entre la formación, la información y el marketing). La clave es la transparencia, no hay otra solución, y además debe ser plena y sin dobles fondos.

6. En la sanidad pública parece que no estamos acostumbrados a percibir un sueldo diferente al de nuestro compañero, ya que el que cobre menos siempre se sentirá perjudicado o alegará "me tienen manía" o "la medición no ha sido correcta". Es casi imposible que llueva a gusto de todos, pero la otra opción, la de pagar lo mismo a todos, es peor. Por ello, elegir y difundir adecuadamente los indicadores, revisar adecuadamente las metas a conseguir y evaluar al profesional como se merece (hablando cara a cara y no con una excel que se remite por email) son algunas de las pautas que merece la pena seguir para mejorar la imagen de los incentivos.

Para saber más de incentivos, aquí tienes las entradas que ha escrito Sergio Minué al respecto en su blog El Gerente de Mediado. Nuestros favoritos son dos: "¿Hacen tus incentivos más beneficio que daño?" y "Discusiones incómodas: cuando mi sueldo depende de mi registro".

La imagen es de opensource.com, vía Flickr. Algunos derechos reservados

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