jueves, 24 de septiembre de 2015

El dilema del inventor


Y de repente surge un descubrimiento sorprendente: un medicamento que ayuda a prevenir algunas de las enfermedades más comunes. Y además, punto positivo para los sistemas de salud, resulta que el medicamento va a ser muy barato. ¿Por qué? El medicamento es del tipo "polypill", una pastilla que une diversos principios activos que ya han sido analizados y evaluados, y funcionan. Y como esos principios son de por si baratos, la fabricación no implica un coste elevado y el precio de venta será de unos pocos euros.

Lógicamente, al tratarse de un nuevo medicamento, es necesario hacer diversos ensayos sobre eficacia y seguridad, para garantizar que funciona y además no va asociado a ningún riesgo grave para el paciente. Pero, ¿quien va a asumir todo el coste de estos ensayos cuando el beneficio futuro va a ser tan bajo? El dilema del inventor es precisamente ese: no es suficiente que tu producto mejore la salud de la población, además debe mejorar la cuenta de resultados de la empresa que se encargue de su fabricación o venta.

Esta historia la cuenta un reciente artículo publicado en JAMA titulado "Obstacles to developing cost-lowering health technology". El ejemplo que utilizan es el de una píldora cardiovascular que fue propuesta en 2003 en el BMJ, y cuyo desarrollo ha sido sospechosamente lento. Para saber algo más, podéis leer el capítulo que dedican a la "polypill" en el documento elaborado por RAND "Redirecting Innovation in U.S. Health Care: Options to Decrease Spending and Increase Value", ya que hay muchos factores que dificultan su desarrollo.

Sobre el marketing y la venta de esos medicamentos no rentables, hablamos en 2014 en nuestra entrada "El marketing de los medicamentos baratos". ¿Debe primar la rentabilidad frente a los resultados en salud? Todos sabemos la respuesta, pero la industria también lo tiene claro. ¿Quien asume entonces ese papel?

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