martes, 23 de febrero de 2016

Robots vendo y para mi no tengo


Se ha hablado mucho de la adopción de innovaciones terapéuticas y de la necesidad de evaluar los nuevos tratamientos. El objetivo es obvio: evitar pagar más por medicamentos que no aportan nada nuevo. Sin embargo, el debate es mucho menor cuando se habla de innovación tecnológica: ¿cómo se adopta la tecnología innovadora en nuestro país? ¿Se realiza un proceso serio de evaluación antes de tomar las decisiones o se hace por imitación?

Un reciente artículo publicado en JAMA Surgery ("Effect of Regional Hospital Competition and Hospital Financial Status on the Use of Robotic-Assisted Surgery") presenta un análisis de 221.637 pacientes que fueron sometidos a intervenciones quirúrgicas en las que es posible utilizar una cirugía robotizada (estilo Da Vinci por ejemplo) y el procedimiento habitual. Las conclusiones del artículo apuntan a que la competencia entre hospitales inclina la balanza al uso de cirugía robotizada, es decir, "si el hospital vecino lo tiene yo también tengo que tenerlo".

Lógicamente, y teniendo en cuenta que se trata de un estudio realizado en Estados Unidos, con sanidad privada y una lucha salvaje por parte de los hospitales por hacerse con los pacientes, más de un lector se planteará que se trata de un caso no extrapolable a nuestro entorno. Pero no todo es lo que parece.

Vayamos por partes. Lo primero: la evaluación. ¿Realmente se hace evaluación de la tecnología sanitaria? La respuesta es sí, pero llegamos al dilema de siempre: la evaluación hay que usarla en la toma de decisiones. Y lamentablemente, aún quedan centros sanitarios que compran sin evaluar, sin saber que necesitan, por impulsos o en base a un informe interno que nadie pone en duda. No se trata de desconfianza, se trata de utilizar la evidencia para aportar más seguridad a la decisión.

Y lo segundo: ¿existe la compra por envidia o por competencia en un entorno sanitario público? Pues sin duda, sí. Surge una tecnología innovadora y de repente cuando el hospital público A la pone en marcha, los hospitales vecinos empiezan a plantear la necesidad de adoptar esa tecnología. Se habla de equidad, de ofrecer al paciente la misma tecnología, pero nadie se plantea si el centro la necesita realmente, si la del hospital A está infrautilizada o si ha sido evaluada previamente. De hecho, aún hay gente que motiva la petición en que el centro de al lado la tiene, y no podemos ser menos.

Dejamos una posible tercera opción sin respuesta: ¿qué papel juega el marketing? ¿hay una presión por parte de la industria por acelerar la adopción de tecnologías innovadoras? Como decía un artículo del año 2006 sobre el tema:
Surgeons and institutions must guard against “going with the tide” in adopting a technology without solid evidence of its efficacy and superiority over alternatives. In the final analysis, a surgeon's skill and ability to perform a procedure well is unimportant, in fact irrelevant, if the procedure should not be done in the first place.

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