martes, 18 de abril de 2017

Fruta, verdura y niños... el mensaje de siempre


Gracias a Twitter, hemos podido leer un interesante artículo que publica el blog de invitados de Gaceta Sanitaria titulado "Incumplimiento del actual código de autorregulación de la publicidad de alimentos para niños y necesidad de un nuevo marco normativo para prevenir la obesidad infantil". Las reflexiones del autor José Antonio Ponce (enfermero, investigador y profesor universitario) nos sirven para centrar algunos aspectos esenciales sobre el papel de la publicidad en la alimentación infantil y en la obesidad.

Varios estudios demuestran que en televisión, durante la llamada franja de protección reforzada de la infancia, la publicidad sobre alimentación representa casi un 40% del total. Le sigue el sector de juguetes (11%). Además, es muy llamativo que la mayoría de los anuncios analizados en este estudio del año 2014 incluyen algún tipo de incentivo asociado a la compra del producto en cuestión (pegatinas, juguetes, vasos, etc). La mayoría de los anuncios incluye la web del Plan Havisa (Hábitos de Vida Saludables) pero no todos destacan alguna característica nutricional del producto. Aunque esto último no aporta mucho, dado que hasta el anuncio de una conocida cadena de comida rápida destaca que su "menú infantil" incluye agua, tomate y manzanas.

Otro estudio publicado en 2015 analizó 52 anuncios de productos alimentarios y sus características nutricionales emitidos en horario infantil (sábados y domingos por la mañana, y de lunes a viernes por la tarde). Como era de esperar, la inmensa mayoría se trataba de productos con una calidad nutricional baja, y que incluían un porcentaje elevado de azúcar, grasas saturadas y sal.

La propia Agencia Española de Consumo (AECOSAN) realiza una monitorización anual de la publicidad anual dirigida a niños, todo ello con el apoyo técnico de Autocontrol. En el informe del año 2015 se detectaron 11 incidencias y las empresas anunciantes se comprometieron a cambiar o finalizar la campaña en cuestión. Los incumplimientos más comunes fueron por uso de personajes famosos, llamamiento directo a la compra y engaño.

Tal y como señala José Antonio en su texto, "El mensaje que envía actualmente la publicidad se opone al mensaje saludable que los profesionales sanitarios tratan de transmitir, lo que puede suponer barreras a la hora de lograr los objetivos de salud pública relativos a la reducción de la obesidad y el sobrepeso infantiles". Esto nos recuerda a nuestra entrada de marzo sobre la alimentación saludable y el problema asociado a la información y sus efectos. Siguiendo las premisas de la escalera de Nuffield, ¿es el momento de pasar a los incentivos? Por ejemplo, en una cadena de supermercados de Nueva Zelanda, la fruta es gratis para los niños y se promueve su consumo dentro del propio establecimiento, una medida que se ha extendido a otras cadenas como Tesco o Whole Foods (Free Fruit for Kids). 

En 2012 se publicó un artículo que evalúa la efectividad de más de 100 medidas a nivel político para mejorar la alimentación saludable.  Curiosamente, la mayoría de las campañas se centran en el ámbito de la información (con mucha influencia en actitudes pero poca en comportamientos) y en la regulación de la publicidad (con buenos resultados), aunque hay otras posibilidades que han demostrado ser efectivas en otros países (medidas fiscales, cambios en las etiquetas, etc.). Algo que no se ha analizado mucho es el uso de estrategias "nudge" o de arquitectura de las decisiones (interesante esta revisión del año 2015), aunque su uso en temas de salud pública y promoción de la salud es cada vez más común (en este artículo del año 2016 se revisa la efectividad del nudge frente a la regulación). En ocasiones, el mero hecho cambiar el orden de las bandejas de comida en los buffet  (cuando se pasa con la bandeja para coger la comida) es efectivo y mejora el consumo de alimentos saludables. 

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