martes, 11 de julio de 2017

Innovación basada en el glamour


Reordenando nuestra biblioteca virtual de artículos, nos hemos tropezado con uno de nuestros textos favoritos sobre innovación. Su título es "Problems and promises of innovation: why healthcare needs to rethink its love/hate relationship with the new" y lo publicó en 2011 la revista BMJ Quality and Safety. Además, está accesible de forma libre y gratuita en la web de la revista.

El artículo presenta tres paradojas sobre la innovación que siguen totalmente vigentes. La primera es un clásico de siempre: existen prácticas (o dispositivos o técnicas) que son inmediatamente adoptadas por la mayoría de los profesionales pese a que su eficacia es dudosa, mientras que hay otras más seguras y con mejores resultados para los pacientes que se quedan aparcadas en el cementerio de las buenas ideas. Entre los ejemplos que cita, aparece el laetrile para el cáncer (de moda en los setenta pese a la falta de evidencia sobre su eficacia y seguridad). Habitualmente, esa innovación que se adopta rápidamente suele ir acompañada de tecnología cara y con lucecitas y botones.

En la cara B de esta primera paradoja, aparecen prácticas, como el lavado de manos, que por su falta de glamour o por la ausencia de tecnología, son de difícil difusión e implementación. Está claro que lo nuevo siempre llama la atención, y lo aburrido pues... aburre y nadie se fija. Quizás el reto sea buscar la parte glamurosa de lo aburrido, seguro que es posible.

La segunda paradoja tiene que ver con el trabajo colaborativo a la hora de poner en marcha nuevos proyectos. Es de sobra conocido que se trata de una estrategia ganadora (involucrar a los agentes en la puesta en marcha) pero si se confía exclusivamente en la colaboración y cooperación seguramente acabaremos ahogando el proyecto. Hay mil riesgos: individuos que acaban incorporando sus propios objetivos y dejen a un lado los del grupo, problemas gremiales (la profesión A opina una cosa, la profesión B opina otra y la profesión C se enfada porque no han contado con ella) o el cambio de la ilusión de los primeros meses al tedio y la monotonía cuando el proyecto lleva un año.

La tercera paradoja es la incapacidad de los sistemas sanitarios para seguir el ritmo de la innovación. En un campo concreto surge una innovación, el sistema se adapta, la incorpora, empieza a evaluarla, medirla, mejorarla, protocolizarla... y de repente dicha innovación queda anticuada y se incorpora otra. Un buen ejemplo son las apps móviles, ya que las mejoras de los dispositivos móviles y de los lenguajes de programación son más rápidas que los esfuerzos organizativos por adaptarse a estos cambios. Quizás por ello aún estemos revisando si el envío de mensajes SMS funciona o los call center son útiles, cuando son tecnologías de hace 5-10 años.

El sistema actual no es el mejor para abrazar la innovación y quizás necesite de algunos cambios radicales que mejoren su agilidad y su visión de futuro. Y como dice el artículo que comentamos, la racionalidad no es precisamente la guía habitual para incorporar innovación al sistema: 
"when health systems are faced with continual external and internal pressures for innovation combined with strong emotional, economic and political forces, the ability of those systems to engage in rational debate and planning is undermined".
A veces, una película es capaz de resumirlo todo en 3 minutos. Y esta escena de El Sentido de la Vida es un buen ejemplo. 

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