viernes, 5 de enero de 2018

El fin de las napolitanas en el hospital


Parece que en los últimos años cada vez hay mas conciencia de la importancia de una alimentación sana. Menos azúcar, más atención a las etiquetas nutricionales, menos grasas, más avena (o lo que sea), y así todo. De hecho, hemos hablado en varias ocasiones de las campañas dirigidas a reducir el consumo de determinados grupos de alimentos y aumentar (si es posible) el consumo de frutas y verduras.

Una paradoja muy llamativa es la comida que se puede comprar en los hospitales, principalmente en las máquinas de vending y en las cafeterías. Bollería industrial, bebidas azucaradas, grasas, embutidos, patatas fritas o hamburguesas protagonizan el día a día hospitalario, aunque cada vez hay más opciones saludables. Incluso hay hospitales con establecimientos de comida rápida en su recinto, como ya comentamos en esta entrada. ¿Deben los hospitales dar ejemplo y promover hábitos saludables con los productos que venden? ¿O hay que respetar la libertad del consumidor de comprar lo que quiera?

En Portugal lo tienen muy claro. Hace una semana se publicó una orden (concretamente el Despacho 11391/2017) que establece, a partir del 1 de julio de 2018, los siguientes cambios en las zonas de cafetería y restauración abiertas al público en los establecimientos sanitarios:
- No se podrán vender croquetas, empanadas, embutidos, bollería, refrescos ni bocadillos con salsas (y productos similares).
- En las zonas cedidas a terceros para cafeterías se prohibe la publicidad o venta de refrescos o comidas rápidas, en particular hamburguesas , perritos calientes, pizzas o lasañas.
- No se podrán vender postres como arroz con leche o mousse de chocolate.
- Tampoco se podrán vender patatas fritas, palomitas, golosinas, caramelos, salsas tipo mayonesa o tomate frito, bebidas alcohólicas ni chocolate.
- Existirá agua potable gratuita.
- Habrá oferta preferente de productos como leche, yogures, queso fresco, zumos de fruta (con un contenido mínimo de 50% de fruta), fruta, ensaladas, sopas, legumbres, frutos secos, infusiones, etc.

Esta norma supone un cambio radical en la oferta de comida en los hospitales y otros centros sanitarios. Otro cambio cada vez más habitual es el de las máquinas de vending, ya que poco a poco se incluyen opciones saludables (ensaladas, fruta, etc) junto a las clásicas galletas, patatas, sandwiches y demás. Aunque tras alguna experiencia real, nos planteamos varias dudas sobre este tipo de transformaciones:
- ¿Y si el consumidor prefiere las opciones menos saludables? 
- ¿Hay alternativas cercanas que ofrezcan la comida de siempre? ¿Sigue abierto el bar de la esquina? ¿La tienda de abajo vende patatas o croquetas o gofres?
- Las opciones saludables suelen ser más caras, ¿habrá subida de precios?
- ¿Tendrá efectos a largo plazo en los hábitos alimenticios de los ciudadanos?

Y dando un paso más, nos planteamos qué ocurre con la comida de los pacientes. Podríamos empezar con la cuenta de Twitter @HospEATal que recopila fotos de platos, bandejas y trozos de "comida", y seguir con este reportaje de Público sobre diez platos vomitivos y acabar con este artículo de El Comidista con otros ejemplos terribles. Pero no  es sólo la calidad de la comida, ya que en múltiples ocasiones se trata de dietas poco saludables: galletas, fritos, chocolate, etc. De hecho, existe una iniciativa para que no se sirvan galletas en los hospitales a los pacientes y las cambien por fruta, por ejemplo (podéis firmar en Change.org). 

La solución es sencilla y todo depende de los directivos. Si la cocina es externa (depende de una empresa), es esencial que el pliego de prescripciones técnicas prohiba determinados alimentos y limite algunas opciones poco saludables; en el caso de cocinas dependientes del propio hospital, la confección de los menús es la clave. Aunque hay otro factor muy importante que dificulta los cambios: el impacto económico de estas medidas, ya que las opciones saludables son más caras. Un desayuno con galletas y leche con café es muy económico frente a otro desayuno saludable. Lo mismo con los fritos ya que el producto congelado tiene unos precios muy bajos y sustituirlo implica pagar más.

Sin embargo, no podemos obviar dos circunstancias claras: 
1. Una dieta equilibrada y correcta también ayuda a mejorar la salud de los pacientes. Y de paso, sirve para educar sobre hábitos saludables en materia de alimentación. 
2. Si tanto hablamos de humanizar la gestión sanitaria, ofrecer una comida de calidad es también una mejora en el trato a los pacientes desde el punto de vista de la humanización. 

El Hospital de Ottawa llevó a cabo una iniciativa muy interesante que podría copiarse en España: el equipo directivo estuvo una semana completa comiendo la misma comida que recibían los pacientes, y después de esta experiencia decidió poner en marcha diversos cambios para mejorar la comida. Lo lógico es que los directivos de un centro sanitario prueben alguna que otra vez la comida que reciben los pacientes, aunque igual todavía no es una costumbre muy extendida. Humanizar y educar también pasa por la bandeja...

3 comentarios:

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  2. QUE LEVANTE LA MANO EL GERENTE DE CUALQUIER HOSPITAL PÚBLICO O PRIVADO EN ESPAÑA DONDE EN SU CAFETERÍA NO SE SIRVAN BEBIDAS AZUCARADAS, BOLLERIA INDUSTRIAL O SE ACOMPAÑE AL CAFÉ O LAS INFUSIONES CON AZUCAR REFINADA O SACARINA.

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  3. Mi hijo no pudo ir a un centro especial de trabajo por tener maquinas dispensadoras de refrescos, bolleria y cafè.
    Todos los chicos y chicas de ese centro tienen discapacidad intelectual y la mayoria obesidad. Pero eso no parece importar demasiado a la dirección. Està claro que el negocio està por encima de la salud y el benestar.

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