jueves, 20 de mayo de 2010

Más solo que la una




Una de nuestras máximas en el día a día ante una situación que se complica suele ser: si trabajamos en la misma organización, seguramente nos enfrentaremos a los mismos problemas. En el ámbito de la gestión sanitaria, con normas comunes, culturas similares y organizaciones casi idénticas, debería ser así. Y es cierto, suele serlo: la piedra que nos encontramos en el hospital A coincide con la del hospital B, y seguramente su solución también nos será útil a nosotros.

Pero todo este mundo idílico tiene su zona tormentosa, y es que el intercambio de esa información depende de personas. Y en el mundo real, cada profesional es un universo diferente, en galaxias de miedos y deseos radicalmente opuestas. Lo normal sería que en la misma organización se comparta la información pero aún hay gente (cada vez menos) que piensa que toda la información es poder y que ser el primero en resolver una situación tiene premio. Y prefiere no decir nada, o esperar a que el otro se estrelle, incluso aunque vayamos todos en el mismo barco o con un rumbo común.

Algo parecido, pero relacionado con médicos, cuenta Emma Halls en el British Medical Journal en una columna titulada "Where are the clinicians when you need them?". Y claro, los médicos son exactamente iguales al resto de profesionales, que en todas partes la "cocción de habas" está a la orden del día.

Emma cuenta un proyecto que ha estado liderando con pacientes y profesionales sobre cáncer de prostata para detectar problemas en los tratamientos, y mientras con los pacientes y sus asociaciones no tenía problemas para obtener información, con los médicos todo fue diferente. Bajas tasas de respuesta a las solicitudes de información, reuniones con solo un médico (de más de 20 invitados), colaboración mínima... Y eso que Emma trabaja en una Fundación dedicada a promover la investigación en ese campo.

¿Problemas de incentivos? ¿Pereza? Como dice la autora, ¿acaso lo sabes todo de tu propia entorno y tienes todas las respuestas? Como curiosidad, y sin basar nuestras afirmaciones en ningún estudio, nos atrevemos a decir que los profesionales que suelen usar las redes sociales (blogs, twitter, facebook, redes con pacientes, etc) son mucho más propensos a compartir información y participar en todo tipo de actividades relacionadas con mejoras, calidad, seguridad, etc. Al final, la cultura 2.0 tendrá muchas más implicaciones de las que creemos.

En resumen, el problema no es el exceso de información, sino la falta de comunicación. Y algunos, como se suele decir por ahí, quieren ser los más ricos (en información claro está) del cementerio. Suma y sigue.

Ayúdanos a conjugar el verbo: yo comparto, tu compartes, él comparte...