miércoles, 30 de junio de 2010

¡No me interrumpas!



Interrumpir a alguien mientras trabaja o habla es una muestra de mala educación, o al menos así nos lo enseñan en casa y en el colegio. Pero además, en el marco de profesiones especializadas que pueden implicar un riesgo en la salud de las personas, no nos damos cuenta que interrumpir puede ser un riesgo grave.

En el artículo "Association of Interruptions With an Increased Risk and Severity of Medication Administration Errors", publicado en abril de 2010 en la revista Archives of Internal Medicine se muestra un análisis de las interrupciones en un grupo de enfermeras mientras preparaban y administraban medicamentos.

Los resultados son muy claros:
- Cada interrupción se asoció con un aumento del 12,1% en defectos en el procedimiento y un 12,7% de incremento en los errores clínicos.
- Las interrupciones se produjeron en un 53,1% de las administraciones.
- La ocurrencia y frecuencia de las interrupciones se asociaron significativamente con la incidencia de defectos de procedimiento y los errores clínicos.

Quizás transformar un trabajo de alta precisión en algo cotidiano hace que olvidemos la importancia de respetar el entorno de trabajo. Y las interrupciones, algo demasiado habitual a nuestro alrededor, acaban provocando que perdamos tiempo y, por supuesto, que sea el paciente al final quien pague las consecuencias. La receta es sencilla: respeto y, si no es urgente, paciencia...