jueves, 1 de julio de 2010

Los océanos azules y la obsesión por el tamaño



Locos por los datos, por compararnos con el de al lado, por criticar las corrientes radicales o conservadoras... Locos por arremeter contra los nuevos modelos sanitarios, contra los viejos modelos, contra las ideas, contra las costumbres, contra los cambios. No dejamos títere con cabeza en el entorno sanitario español, y lo que te rondaré... Pero quizás deberíamos cambiar de rumbo y descubrir cuales son nuestros océanos azules (un concepto del mundo de la gestión que se puede definir como la necesidad de dejar a un lado la competencia destructiva entre organizaciones si se quiere ser un ganador en el futuro, ampliando los horizontes del mercado y generando valor a través de la innovación).

Rescatamos para la ocasión un artículo de 2004 titulado "There is no perfect health system", firmado por Elizabeth A. McGlynn, publicado en Health Affairs, que formula una serie de conclusiones muy claras:
- La calidad de la asistencia sanitaria no está relacionada con cuanto gastas, sino con como lo gastas. No importa el presupuesto total, importa el uso que le demos.
- Comparte la información para mejorar. Medimos los resultados pero no los procesos, y lo importante es aprender a hacerlo como el mejor.
- El mejor sistema sanitario no depende del tipo de organización. Lo que marca realmente la diferencia es la forma de hacer las cosas.

Y lo más curioso y llamativo, es que hacer mejor las cosas depende de todos (y no penséis que es una simple perorata). Ahora solo queda pedir a los políticos que mejoren las organizaciones para que se consiga, al menos, lo siguiente:
- Medir nuestros procesos y resultados y permitir que se puedan comparar.
- Compartir información entre profesionales, unidades, centros, etc. Y por supuesto compartirla con otros servicios de salud.
- Suavizar las rigideces organizativas para que hacer mejor las cosas sea una tarea sencilla, o al menos posible.

Ah, y ya sería perfecto si dejamos de comparar el gasto total y el gasto per capita en sanidad entre territorios. Ni el que más gasta es el mejor, ni el que menos gasta es el peor. Esas comparaciones no llevan a ningún sitio, excepto para los políticos y agitadores diversos. El problema es que tenemos una sola fijación: crecer para igualar al mejor, pero en tamaño, no en calidad. ¡Y el tamaño no importa!

El claro ejemplo de la obsesión por el tamaño es escuchar a muchos jefes de unidad que se comparan con otras unidades en base al número de profesionales que tienen. Piden crecer para hacer más (o incluso para hacer lo mismo), y punto. Pocos se fijan en hacerlo mejor o en cambiar los procesos: saben que el largo plazo no es más que la suma de muchos cortos plazos, y la estrategia del "virgencita virgencita que me quede como estoy" a veces funciona, sobre todo en la sanidad pública.

Y finalmente, a ver si los profesionales y las organizaciones que los agrupan y representan empezamos a aceptar que los procesos pueden hacerse de otra forma. Y que los problemas existen para buscar soluciones, no para estancarnos. Innovar no es un verbo extraterrestre, y se conjuga fácilmente, incluso aquí.

En febrero de 2009 comentamos en este blog que el principal motor del cambio en la sanidad es la inercia, y parece que muchos actúan para que siga siendo así. Y si la inercia es el motor, parece que la comodidad es el objetivo final.

Hoy es jueves y tocaba vomitona de conceptos e ideas. Será que ya estamos en julio y todo cambia, ojalá sea cierto. Nosotros seguimos con nuestro océano azul, ¿sabes cual es el tuyo?