lunes, 30 de abril de 2012

Transparencia y melancolía



En un interesante artículo de Francesc-Marc Alvaro en La Vanguardia publicado hace un tiempo con el título "La década de la melancolía" leemos:

"Para muchos, la melancolía se ha convertido en desesperanza. En este contexto de insatisfacción, la exigencia de verdad aparece como algo más que una actitud y algo menos que una ideología. El mundo de la política y el de los negocios han respondido a este fenómeno a la defensiva, con una palabra que es tan engañosa como sugerente: transparencia. Como si de una cualidad en los procesos se derivara mecánicamente un valor o una categoría.

Desgraciadamente, mayor transparencia no siempre implica mayor conocimiento cierto y veraz. Puede representar más información en bruto y también más ruido, incluso puede generar desinformación, distracción, saturación y, a la postre, simulación. (...) La exaltación de la transparencia no nace de una necesidad de manejar la verdad, sino de una patología de la sospecha que, paradójicamente, parece satisfacerse de forma pueril cuando cae el supuesto velo que cubre lo que tratamos de ver. Nunca ha sido tan difícil engañar a la gente y nunca ha sido tan fácil hacerlo sin que se note."


Entonces, ¿la transparencia implica que hacemos las cosas bien?