jueves, 18 de septiembre de 2014

La lucha contra la enfermedad



La evidencia no siempre dice lo que queremos oir (o leer)... Hace unos días, revisando nuestro lector de feeds, encontrábamos un interesante post de Jordi Varela titulado "Cáncer: ¿son oportunas las metáforas militares?". En el texto, Jordi comentaba un reciente artículo de Margaret McCartney en el BMJ sobre la metáfora militar alrededor del cáncer, es decir, en relación a que siempre hay que animar a luchar a los pacientes oncológicos.

El origen de la historia es una campaña lanzada por Cancer Research UK consistente en promover la publicación de selfies en las redes sociales con lemas del tipo "Be ready to fight". Algunos artículos, como este de Natasha Wiggins en el BMJ, ya pedían que se dejaran a un lado las metáforas militares en el ámbito de la salud, incluso alegando que no siempre son beneficiosos para el paciente.

Dando un paso más, hay diversos artículos que analizan el impacto del comportamiento psicológico del paciente en la evolución de su enfermedad. En 2002, la revista Patient Educaction and Counseling publicó el artículo "Patients’ experience of cancer: evidence of the role of ‘fighting’ in collusive clinical communication". Los autores entrevistaron a pacientes con cáncer en relación a la comunicación con su médico, y detectaron que cuando el mensaje médico se basa en la lucha y en el hecho de ser positivo, los pacientes sienten que el profesional intenta modificar sus sentimientos y les impide mostrar sus preocupaciones y miedos. 

Una revisión sistemática sobre las estrategias psicológicas de afrontamiento frente a la enfermedad y su efecto en la supervivencia en pacientes con cáncer, revisó 26 estudios en los que se utilizaban mensajes de lucha y de esperanza dirigidos a pacientes. No existe evidencia que avale el efecto de este tipo de mensajes y de estrategias en la supervivencia o en la probabilidad de recurrencia.

Se trata de un tema muy complejo, en el que se mezclan muchos elementos casi contradictorios. Humanizar la asistencia implica ponerse en el lugar del paciente, y no siempre los pacientes quieren escuchar ese tipo de mensajes positivos. Por otra parte, quizás esos mensajes consigan que la calidad de vida del paciente sea mejor (extremo no analizado en los estudios que hemos comentado) aunque no mejore la supervivencia. ¿Es ético dar mensajes positivos cuando se sabe que el pronóstico es malo? 

La propia Margaret McCartney indica en su artículo que "Nadie debería ser aleccionado sobre qué actitud debería tomar ante su propia enfermedad". ¿Estamos utilizando estrategias incorrectas? ¿O quizás a veces es conveniente olvidar la evidencia por un momento y buscar algo de esperanza?