jueves, 3 de marzo de 2016

Profesionalización: entre el cielo y el suelo




La profesionalización de los directivos sanitarios es uno de los temas de moda en cualquier jornada de debate sobre gestión sanitaria, pero aunque sea algo de lo que habla todo el mundo, apenas hay elementos objetivos para separar el grano (el profesional) de la paja (politiqueo, etc).

De hecho, en pleno 2016 las cosas siguen igual, y se plantean algunas dudas que merece la pena poner sobre la mesa:
- Un directivo que lleva más de una década dirigiendo hospitales o áreas sanitarias, ¿es un profesional? ¿la experiencia es suficiente? ¿Incluso cuando incumple resultados de forma reiterada? La evaluación es esencial, y de momento ni está... ni se le espera.
- En estos meses, hemos visto como algunos servicios de salud han nombrado como directivos a personas sin experiencia en gestión, sin estudios especializados, y con cierta relación política con el partido del poder (concejales, ex altos cargos, personas que estaban en listas). Algo que parecía cosa del pasado y que, pese a las constantes llamadas a la profesionalización, se ha repetido de nuevo. Y curiosamente no sale en prensa ni nadie lo ha criticado. Una oportunidad perdida.
- Apenas se ha definido el concepto de profesional desde el Ministerio o los servicios de salud, y no creemos que sea una buena idea que las sociedades científicas o las asociaciones de directivos lo definan. ¿Cual es el programa de formación mínimo? ¿Quien debe impartirlo? ¿Vale todo? Ojalá no...

Unos años después, hemos desempolvado el Informe Sedisa de profesionalización del directivo sanitario. Hay algunos aspectos que conviene recordar y que quizás definen la realidad de algunas organizaciones sanitarias:

1. Competencias percibidas y deseadas. Lógicamente ningún directivo está al 100% en todas las competencias, pero llama la atención que en dos competencias asociadas a las personas (dirección y desarrollo e influencia y liderazgo), el nivel de competencia deseado sea de los más bajos.

Todo está en permanente evolución y, si hace unos años la eficiencia y los resultados eran la varita mágica del directivo, ahora las personas y los pacientes son el eje esencial. ¿Sería muy diferente el resultado de la encuesta si se realizará en 2015? ¿Queremos líderes o planificadores? (Ojo, que esta pregunta es muy importante).


2. Según el informe, solo un 53% de los directivos ha dedicado tiempo a la formación en habilidades. Entonces, ejem, pues... ¿y el resto? Si queremos profesionalizar la gestión sanitaria, es necesario un compromiso con la mejora constante y la formación por parte del directivo. Y lo que no se forma, se deforma...

Nota: la foto es de Manolo Lay, vía Flickr (licencia de uso).