jueves, 21 de diciembre de 2017

Rebeldes con causa (y sin apoyo)


Rebeldes institucionales (como en la iniciativa "Rebels at work"), hackers organizativos, desobediencia en las organizaciones... Diversas formas para denominar a los trabajadores que persiguen mejorar la organización de la forma más radical que existe: rompiendo sus propias reglas. Este fenómeno fue definido en 2006 por la profesora de la Universidad de New York Elizabeth Morrison como "pro-social rule breaking", esto es, como el acto de romper las reglas con un objetivo desinteresado, en interés de la propia organización.

El concepto es muy llamativo, y es que la importancia de establecer una cultura que permita innovar, cambiar y romper las reglas para mejorar es algo muy positivo para las organizaciones. Ya lo comentamos en el blog, citando términos como desobediencia inteligente o controlada, que Santi García definía como "la voluntad decidida de cuestionar y no acatar esas normas que existen en todas las organizaciones y que no tienen sentido o incluso son perjudiciales para el conjunto de la organización, en la medida que limitan su capacidad para responder con agilidad y eficacia a los desafíos con que se enfrenta". Pero, ¿es todo tan fácil?

Esta actitud inconformista no siempre es del agrado de la organización. Tal y como apuntan en este artículo de 2012, este comportamiento de desobediencia constructiva no gusta ni a los jefes ni a los compañeros. Así de sencillo... Tal vez por miedo, por desconfianza, incluso por envidia, o por el simple rechazo al que se aparta del grupo. Como cantaba Sabina, nos sobran los motivos.

Por todo ello, la única opción para conseguir que no exista un rechazo ante el inconformismo, es que la propia organización cambie su cultura y promueva este tipo de comportamientos. Iniciativas como The Edge (y su Escuela para Agentes del Cambio del NHS) o "Breaking rules for better care" (puesta en marcha por el IHI) son grandes ejemplos de como es posible cambiar la cultura de las organizaciones.

Como decía José Cabrera: "Si una organización desea sinceramente crear una cultura persistente de innovación, una buena estrategia es mantener un nivel adecuado de rebeldes en la organización, y proporcionarles las herramientas y métodos para presentar con libertad, y sin miedo a las consecuencias ideas constructivas cada vez que se les puedan ocurrir". No sabemos si en un entorno como el sanitario, en el que la docilidad tiene premio, en el que asentir sin hablar es casi el estándar, llegaremos a ver una cultura diferente, pero el paciente, el sistema y el profesional se lo merecen. No es posible hablar de innovación, creatividad y compromiso en un entorno de jerarquía, silencio y obediencia, así que... algo habrá que hacer.

5 comentarios:

  1. ¡Cuanta razón! A la espera impaciente estoy de unirme al movimiento que lideres, que ayude a aglutinar a todos los rebeldes institucionales en Sanidad y que defina estrategias para convertir nuestra indignación por el mal hacer institucional en la fuerza de un cambio real innovador.

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    1. Este grupo ya existe: REBELIÓN ATENCIÓN PRIMARIA.

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  2. Aumentando el número de gente en esa línea... sumándose y sumando... hasta que la masa sea crítica.
    Gracias!!

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  3. Puff... iluminador y desesperanzador a partes iguales el post, sobre todo interpretándolo desde el entorno de la Sanidad Pública.
    Resignacion... ¡no!, ¡lucha!

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