martes, 30 de enero de 2018

La llamada


Cuando no hay estrategia, ni rigor, ni se trabaja con objetividad, pasa lo que pasa... La llamada no es más que un ejemplo de falsa autonomía, cuando crees que tienes capacidad para tomar una decisión y los de arriba y los de al lado presionan para que todo salga como ellos quieren. Podría ser el caso de una selección de una jefatura, nombrar una supervisora, o incluso el cese de alguien. Analizas, revisas, piensas, compartes tus razones con el equipo y cuando llega el momento: ¡zas! la llamada hace su aparición y se insinúa un nombre, un motivo o incluso un NO. y llegan las frases del tipo:
- Deberías nombrar a Y.
- Creemos que no es el momento para nombrar a J.
- Tal vez sea conveniente promocionar a H.
- Si no quieres caer en desgracia, haz lo posible para que P siga trabajando un tiempo.

Y no hay motivos, no hay nada detrás, o mejor dicho: lo hay y nadie lo dice. Quizás alguien quiera recolocar a algún ex-directivo o devolver un favor, pero solo tienes una opción. A veces, para los rebeldes, no hay consecuencias, pero otras veces puede que sí. Y el miedo vuelve a campar a sus anchas por el pasillo de la zona noble. menos mal que la ley no suele respaldar estas presiones, y eso suele frenar la mayoría de las llamadas.

La llamada ocurre con todos los colores políticos, incluso en ocasiones con otras organizaciones como sindicatos o colegios. Todo grupo tiene su lista de favoritos, y busca su premio. Pero también desde el otro lado, cada grupo tiene sus fobias, y es capaz de poner obstáculos para que alguien no alcance lo que quizás se merece. 

Curiosamente, mucha gente apoya  esta forma de actuar. Porque lo que hoy me perjudica, igual mañana me beneficia y la llamada es sobre mi futuro. Y vuelta a empezar.