viernes, 16 de febrero de 2018

Cuatro verdades sobre el mundo de la gestión (o quizás sean cinco)



En el blog Think Growth enumeran diez verdades sobre el mundo de la gestión que nadie suele decir. Hay algunas que merece la pena destacar dada su gran importancia en el entorno sanitario.

La soledad. Cuando se ejercen puestos de gestión, la soledad es una losa muy pesada. Las decisiones acaban sobre la mesa y hay que elegir, los marrones se agolpan en la puerta y, salvo jefes muy expertos en la teoría del browning, lo habitual es que ese marrón haya que resolverlo. Y no hablemos de la distancia que se genera con un montón de gente, dado que la confianza basal en los jefes es muy baja. Como contaba Serafín en su blog Cuidando al hablar de Paqui, una enfermera supervisora: "en el momento que das el salto a la gestión te crujen por todos los lados".

Tienes que dejar de practicar tu oficio. Hay muchos ejemplos de este punto: supervisora de consultas externas que pasa a ser directora de enfermería, o jefe de servicio de medicina interna que pasa a ser director médico. Muchas veces, los gestores olvidan que su papel es orientar y coordinar a un equipo, pero sin centrarse en sus tareas anteriores. Si hay un problema en consultas externas o en medicina interna, tendrán que llamar al nuevo responsable y pedirle que lo solucione. Quedan muchos directivos que, bien sea por desconfianza o por orgullo, son incapaces de delegar esa tarea y prefieren seguir tomando decisiones sobre unidades y equipos que ya no dependen de él.

Se acabó el feedback. Esta característica tiene mucho que ver con la soledad del primer punto. los equipos directivos no son precisamente el paraíso del feedback y la comunicación, y muchas veces se actúa por inercia o siguiendo órdenes que no han sido habladas ni debatidas. Muchos directivos crean sus canales informales de feedback con miembros de su equipo o con otros directivos, para conseguir ser más críticos con su trabajo diario y así mejorar. Otros prefieren vivir en su zona de confort sin más, pues piensan que el feedback es una molestia y un incordio.

Gestión de emociones. Un directivo debe tener conocimientos técnicos, pero en el marco de una organización como la sanitaria es esencial no dejar de lado el manejo y gestión de emociones, tanto las propias como (sobre todo) las ajenas. Un directivo que solo se centra en indicadores e informes, que adora las hojas excel y vive pensando en la lista de espera y la ejecución presupuestaria, está dejando de lado lo más importante: la parte emocional, que no se mide con números. Escuchar, detectar problemas, promover un buen clima, tirar del carro cuando todo va mal... No nos damos cuenta, pero gestionando adecuadamente la parte emocional es más fácil conseguir los objetivos numéricos. 

Aprender a no ser el centro de atención. Los directivos no ejecutan las acciones y proyectos, solo los lideran y coordinan. Por eso, cuando un proyecto sale bien, debe ser capaz de dar un paso atrás y observar desde fuera como el equipo se lleva el reconocimiento. El problema es el auge de directivos medallistas, que se ponen los primeros cuando hay un éxito, que no ceden ni una pizca de reconocimiento a sus colaboradores. El egoísmo mata el buen clima. 

Hay muchos ejemplos sobre esas pequeñas cosas que los directivos olvidan cuando dan el salto a un puesto de gestión. ¿Quieres añadir alguna más? 

2 comentarios:

  1. La responsabilidad. Saber que, al final, lo que pase (o lo que no) es responsabilidad tuya como directivo. Esto hay que manejarlo con mucha calma pues puede llegar a bloquearte en algún momento. Carlos Mascías.

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    1. Sí, es una palabra que a mucha gente le viene grande. Responsabilidad como algo que nunca puedes olvidar. Gracias

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