viernes, 9 de febrero de 2018

¿Medir para seguir igual?


Hoy vamos a hablar de experiencia del paciente, de calidad percibida, de encuestas de opinión y también de eficiencia. Pero quizás el mensaje no sea el esperado, o tal vez sí. Todo empieza con un breve artículo firmado por Donald Berwick (Institute of Healthcare Improvement) que se publicó en 2016 y que describía una nueva era para los sistemas sanitarios.

La era 3 que describe Berwick se basa en nueve cambios para romper con la era anterior, siendo el primero de ellos muy llamativo: reducir los instrumentos de medición y registro, principalmente las encuestas. Llevamos años midiendo procesos y ni siquiera sabemos los resultados qué obtenemos, y por eso muchos de los indicadores y registros no se usan absolutamente para nada. 

Visto así, es una propuesta un poco radical. Sin embargo, un reciente editorial publicado en el BMJ ha decidido unir esta propuesta disruptiva con una de las joyas de la corona del NHS: el llamado Friends and Family Test. Este cuestionario se utiliza desde el año 2013 y se basa en una pregunta muy simple ¿recomendaría este servicio/unidad/hospital a un amigo o un familiar si ellos lo necesitaran? acompañada de un espacio para comentarios y opiniones. Tal y como dice el propio editorial: esta prueba es muy valorada por los políticos y casi despreciada por los profesionales, dado que apenas aporta información, y por ello plantean dejar de utilizarla.

El FFT se ha convertido en un gigante: se recopilan un millón de encuestas al mes, existen más de 30 millones de encuestas almacenadas y registradas, un gasto en los últimos 4 años de 14 millones de euros, etc. Y sin embargo, apenas hay evidencia sobre su fiabilidad, se realiza un esfuerzo titánico en la gestión de las encuestas para después centrarse en un indicador tan pobre como el porcentaje de respuestas o el porcentaje bruto de recomendación y no existe un control sobre la muestra de pacientes que responde. Estas características invalidan cualquier intento de comparación posterior.

Entre las consecuencias negativas de los actuales sistemas de medición y registro de la calidad hay algunas que recoge este artículo y merece la pena enumerar:
- Fijación excesiva en la medición: nos centramos más en conseguir el objetivo que en lo que se realmente se pretende mejorar.
- Visión de túnel. Cuando se incluye un indicador para un atributo concreto, estamos dejando de lado otros atributos igual o más importantes si cabe. 
- Miopía y cortoplacismo. Se busca premiar el resultado a corto plazo.
- Sesgo de la medición cuantitativa. Reducir la realidad a una escala numérica hace que el resultado sea pobre, 

Las nuevas tendencias en materia de calidad percibida se centran más en la parte cualitativa (narrativa del paciente, comentarios, opiniones, entrevistas, etc) que en la parte cuantitativa que busca resumir en un solo número una serie de atributos intangibles. De hecho, la opinión cualitativa es mucho más útil cuando el objetivo es la mejora y el aprendizaje. ¿Estamos midiendo lo que debemos? ¿Somos capaces de aprender y mejorar a partir de los datos y los indicadores?

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